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José Jorge Laínez fue periodista y escritor que cultivó varios géneros: cuentos para niños, cuentos de terror, ensayos, y, por el que fue más conocido por la sociedad salvadoreña de su época, humorista. Nació en San Salvador el 26 de abril de 1913 y murió en la misma ciudad en 1962.

En 1952 publicó MURALES EN EL SUEÑO, que recoge por primera vez el género del terror y una imaginación febril. Entre ellos, sobresalen con notas misteriosas y desenlaces imprevistos "La Carta de la Muerte", "Árboles Vengadores" y "La Mosca Azul de la Locura".

En su libro, SENDAS DE SOL, editado en 1956, aparecen cuentos que elevan la imaginación infantil, inculcando al mismo tiempo principios de amor y solidaridad que marcan esa tierna edad. Entre ellos, destacan "El Perro que Corría Tras el Tren", "El Primer Milagro" y "San Salvador de los Ojos Cerrados", con el cual ganó el premio a los Juegos Florales de San Salvador.

En 1961, publicó IMÁGENES A LA DERIVA, libro para el cual realiza un prólogo Hugo Lindo, que titula "José Jorge Laínez o la Sonrisa", en el cual describe la naturaleza polivalente y genial de este gran escritor salvadoreño, con el cual se ha "cometido la injusticia...", como Lindo indica, de "dejarlo como al margen de nuestra escuetísima república de letras".

En su Ensayo "Francisco Eterno", recoge los últimos pensamientos, como los hubiera tenido el legendario Francisco Morazán, antes de su fusilamiento en Costa Rica. En este relato imaginario, da tributo a un ideal que compartiría y heredaría Laínez a sus generaciones posteriores: el de una Centroamérica unida.

Sin embargo, si alguien tuviera que definir un género por cual imprimir la imagen de Lainez, sería el humorista. Gracias a una disciplina férrea para encontrar el tiempo fuera del que exigía su arduo trabajo como Jefe de Redacción de la Prensa Gráfica y profesor de periodismo en la Universidad de El Salvador, enhebra tramas absurdas, cuentos policíacos y toda clase de personajes literarios, publicados bajo el seudónimo de Mister Ikuko, con el cual da vida a un famoso personaje ficticio: Tiburcio Telénguez, el Vengador Silencioso, y sus flamantes auxiliares: el Cabo Nicolasito Pulga y el Capitán Pucheros.

Telénguez, con una inteligencia absoluta, "lo sabía todo", sagacidad hasta el extremo, armado con su "revolver de 113 tiros" que "escondía entre los pliegues de su cuerpo" y apoyado con la tecnología futurista de su "automovil/helicóptero/submarino/buscaniguas", lograba resolver complicados casos detectivescos, a pesar de la graciosa ineptitud y falta de valor de sus dos simpáticos lugartenientes.